No volveré a decir “familia reconstituida”

¿A ti te pasa que cada vez que tienes que decir “vivo en una familia reconstituida” se te arruga la nariz?

A nosotras, desde luego, sí. Decidimos usar ese término porque es el más extendido para referirse a núcleos familiares como los nuestros, pero nunca nos ha gustado, ni cómo suena ni lo que implica.

“Familia ensamblada” tampoco nos convencía, así que decidimos continuar con “reconstituida” a falta de una propuesta mejor.

¡Y por fin esta propuesta ha llegado!

La investigadora Berta Rubio, que ha trabajado en profundidad sobre las dinámicas de estas nuevas familias, ha propuesto un nuevo término del que nos hemos enamorado: “familias enlazadas”.

Nuevos vínculos sin nombre
y vinculaciones entre las dos casas

Los términos “familia reconstituida” y “familia ensamblada” solo hacen referencia al núcleo formado por la nueva pareja, y esa es solo una parte de la realidad de las familias en que vivimos.

El término “familia enlazada” hace referencia tanto a los nuevos lazos que se establecen en este tipo de familias (con hijastras e hijastros, madrastras y padrastros, hermanastras y hermanastros, etc.) como al hecho de que en general, ahora que la separación es cada vez más frecuente, cada núcleo está enlazado con otro u otros núcleos a través de hijas o hijos comunes que forman parte de más de uno.

Después de años de trabajo y de nuestra propia experiencia sabemos que estas dos dimensiones son igualmente importantes en la vivencia familiar que tenemos, incluso cuando uno de los progenitores ha fallecido, puesto que el vínculo con él o ella sigue vivo en las hijas o los hijos.

No hay ruptura sino transformación

Este término también nos ayuda a dar forma a nuestra sospecha de que la formación de nuevas parejas no es el punto cero de un proceso familiar sino que forma parte de un proceso de transformación que empieza en la separación.  

Después de la separación, en realidad, ya se forman dos núcleos familiares enlazados y los adultos que los encabezan no pueden romper su relación sino que en realidad viven un proceso de transformación nada sencillo para pasar de una relación de pareja a una relación de coparentalidad.

La gran mayoría de nuevas parejas tienen la nítida sensación de estar condicionadas por el proceso de separación, y por eso hemos cambiado nuestra perspectiva para acompañar y facilitar el proceso de transformación familiar partiendo precisamente de la separación.

De esa manera es posible sentar una buena base a partir de la cual los dos núcleos podrán ir avanzando de forma sana, incluir nuevos miembros o enlazarse con otros núcleos.

Un nuveo modelo familiar

El término “familia reconstituida” da a entender que durante la separación la familia se disuelve. También implica que, con la llegada de nuevas parejas, ese núcleo que se había disuelto vuelve a constituirse.

No estamos de acuerdo con estas implicaciones.

Primero porque después de la separación, como hemos dicho, la familia no se disuelve sino que se transforma en dos núcleos monoparentales enlazados y, por otro lado, la relación de pareja no se rompe sino que se transforma en una relación de coparentalidad.

Pero además, con la llegada de nuevas parejas no se reconstituye un núcleo que se había disuelto sino que se crea un núcleo diferente, con miembros, lazos y características nuevos a los que tenemos que adaptarnos.

Alimentar la expectativa de que podremos reproducir la estructura de la familia nuclear crea mucho dolor y frustración, y dificulta el proceso de adaptación a los cambios que se van produciendo.

No todas las familias se sienten ensambladas

El término “ensamblaje” nos hace pensar en dos piezas que encajan a la perfección, hasta el punto de constituir una unión sólida y duradera.

Este significado contrasta con la experiencia de muchas familias cuyos miembros no se sienten fuertemente vinculados.

También contrasta con la experiencia temporal tan característica de nuestras familias. Dos piezas están ensambladas o no lo están, no hay punto medio. En cambio, las relaciones dentro de las familias enlazadas suelen ir cambiando con el tiempo y es importante que seamos conscientes de que hay que tomarlo con calma.

La imagen del “lazo” nos transmite esa sensación de variabilidad: un lazo puede estrecharse o aflojarse y permite acercamientos y distanciamientos entre los dos extremos. Tal como ocurre con las relaciones entre los miembros de las familias enlazadas.

Una red de familias

El término “familia enlazada” refleja como ningún otro la vivencia que tenemos las protagonistas y los protagonistas de este tipo de transformación familiar, que es la de formar parte de una red de familias relacionadas entre sí por hijas o hijos comunes y/o por nuevos lazos que no son biológicos y a menudo no tienen ni reconocimiento legal, pero que marcan fuertemente nuestra realidad familiar.

Si hasta ahora no sabías cómo hablar de tu familia, esperamos que este nuevo término te ayude a poner palabras a tu experiencia, tanto fuera de casa como dentro de ella.

Nosotras, sin duda, vamos a adoptar este término e incluso hemos cambiado el nombre de la asociación. A partir de ahora somos Afín – Asociación Española de Familias Enlazadas.

¿Queréis orientación para dar forma a vuestra familia enlazada?

A través del coaching en pareja trabajamos herramientas para cuidar la relación y recuperar el tiempo de juego, mientras os acompaño en el proceso de encontrar vuestra forma única de ser familia.