La familia reconstituida (I). El punto intermedio

Familias reconstituidas, ensambladas, familias complejas, mezcladas, binucleares… muchos son los nombres que reciben las familias en las que unx o ambxs miembrxs de la pareja aportan hijxs de una anterior relación.

A menudo creemos que el funcionamiento familiar es siempre el mismo, pero además de que de puerta hacia adentro cada familia es un mundo, existen diferencias evidentes entre las familias nucleares y las binucleares o reconstituidas. Vayamos poco a poco:

Durante la formación de una pareja existe un periodo que se denomina «luna de miel» en el que lxs dos miembrxs de la relación se van acoplando a los gustos, expectativas vitales y opiniones delx otrx. De esta forma se conocen los aspectos positivos de la otra persona pero también los aspectos en los que diferimos, para crear un punto intermedio común (que no deja de ser la mezcla de dos formas de ser y de pensar para que la pareja en sí misma funcione adecuadamente) en la que se establece un un enfoque vital común y un plan de futuro.

Después formar ese punto intermedio y afianzarlo para que sea fuerte y estable, la pareja decide avanzar en su relación y tener descendencia. Tras la aparición de lxs hijxs, que mayormente se añaden a la familia de unx en unx y como consecuencia de una larga meditación y negociación de pareja, o por lo menos después de un largo período de gestación o de trámites para la adopción, se vuelve a crear un nuevo punto intermedio (con nuevas pautas de funcionamiento, nuevas opiniones y formas te pensar) en el que se incluye a lxs nuevxs miembrxs de la familia.

Los puntos intermedios ayudan a establecer rutinas, planes, y básicamente a saber qué esperar de cada persona. Nos aportan seguridad. Al final conforman lo que denominamos «La Cultura Familiar».

Cuando se produce una separación o el fallecimiento de unx de lxs progenitorxs la familia se transforma. El prigenitor o la progenitora que queda, o en caso de separación ambxs progenitorxs, forman con sus hijxs unidades monoparentales que en el caso de la separación forman una constelación de hogares para esxs hijxs.

Todxs lxs miembrxs de la familia vienen de una misma dinámica, así que las transformaciones se dan de forma paulatina. Al principio, por ejemplo, los domingos la familia sigue jugando al parchís, pero ahora papá ya no está presente. O los viernes noche es momento de peli y palomitas, pero mamá ha dejado de formar parte de esa rutina o la continúa cuando lxs niñxs están con ella.

La transformación se da en conjunto y todxs lxs mimebros de la pareja son conscientes de los cambios y las pérdidas que ha habido. Pasar por este proceso juntxs, y tener tiempo para dedicarse unxs a otrxs favorece la creación de un vínculo padre/madre-hijo/a más estrecho de lo habitual.

En cambio, en las familias reconstituidas, la pareja no tiene tiempo de conocerse y de construir su punto intermedio antes de verse envuelta en la dinámica familiar. Una dinámica que, además, se creó independientemente de uno de lxs mimebrxs de la pareja, por lo cual la cultura familiar a menudo se resulta totalmente extraña.

La luna de miel apenas existe, así que la pareja todavía es débil cuando de repente tiene que sostener el período de adaptación que supone encontrarse conviviendo con personas extrañas que irrumpen en nuestra zona de confort. Lxs niñxs son extrañxs para la madrastra o el padrastro y éstos a su vez son extrañxs para lxs niños. Si ambxs miembrxs de la pareja aportan hijxs también hay niñxs que son extrañxs para otros niñxs.

Si también incluimos en el cocktail las exparejas con sus propios procesos, las familias extensas y los lazos de amistad la mezcla puede resultar explosiva.

En definitiva, a pesar de que ambas familias se inician con la unión de dos adultos que se profesan sentimientos intensos, los dos modelos no se desarrollan de forma igual ni con las mismas facilidades. Mientras que en la familia nuclear se van quemando fases a medida que todxs lxs miembrxs se conocen y van creciendo, en la reconstituida lxs miembros deben de ser conscientes y aprender a colaborar para sentir curiosidad por las necesidades del otro y sus sentimientos (no olvidemos que algunxs miembrxs pueden estar todavía procesando un duelo) y decidir activamente ir superando fases hasta alcanzar un nivel de integración que sea confortable para todxs. Al mismo tiempo la pareja necesita ir encontrando su punto medio para crecer fuerte y estable.

El punto intermedio es la clave.